viernes, 15 de junio de 2018

UN BICHO RARO LLAMADO…

Transcurría el año 1869 y Henry Stanley, enviado del New York Herald, estaba sumergido en la selva del Congo Africano. Este periodista estaba en busca del explorador y misionero escocés David Livingston. De pronto avistó un extraño animal: cabeza de jirafa, cuerpo de antílope, orejas de asno y patas traseras de cebra. Preguntó por su nombre, los nativos de Wambutti lo llamaban “okapi”, por los sonidos que produce. Este mamífero, multipartes, es un animal solitario y tímido, y está en peligro de extinción.

Leyendo esta descripción se me ocurrió, al estilo Frankenstein, crear un tipo de cristiano, sacando algunas partes de personajes bíblicos, que fuera el cristiano okapi, un verdadero “bicho raro”. ¿Probamos lo que sale?

CABEZA de ... escogería la cabeza de Salomón. El hombre más sabio de la tierra según Dios. Él sabía que hacer ante las crisis. Elegiría su inteligencia pero no su corazón que fue desviado al final por las mujeres. Examinó todo lo que está debajo del sol y terminó definiéndolo como vanidad en su Eclesiastés, dejó consejos sabios en forma de Proverbios, y escribió un poema de amor en su Cantar de los Cantares. Me gustaría tener cabeza de Salomón... pero no la tengo. Y ante la crisis debo recurrir a la promesa de Dios “Si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada” (Stg 1:5-6)

CUERPO de... si de fuerza física se trata elegiría a Sansón, pero no es este cuerpo el que más cosas logró; pues en definitiva la vida de este juez fue siempre de muerte, venganza, y revancha... y de Rambos ya tenemos muchos hoy. Prefiero el cuerpo de Pablo, un cuerpo que no estaba marcado por músculos sino por azotes, que no levantaba puertas pesadas sino iglesias, no derribó pilares de templos paganos sino edificó los pilares de la iglesia de Dios. Su reporte es elocuente y lo puedes leer en 2 Corintios 11:23-28, y su resumen es “yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús” (Gá. 6:17).

OREJAS de... desecharía varias, por ejemplo la de Eva escuchando a la serpiente, la de Roboam no escuchando los consejos de los sabios, o Jonás siendo sordo a la voz de Dios. Pero sí me pondría los oídos de Samuel, y clamaría con él cada día ante Dios “habla Señor que tu siervo oye” porque los oídos que Dios escoge son los que escuchan no para saber sino para obedecer. -¿Porqué no encuentro en Ti al poderoso Dios que oía a Samuel?- Preguntaba un joven un día en oración, y del cielo sintió la respuesta.-Porque no encuentro en ti al obediente Samuel que oía a Dios.

PIERNAS de... ¡hay tantas piernas que me gustaría tener! Las de Ahimaas quien ganaría una medalla olímpica (2ª S. 18:19-28), o Juan el discípulo amado corriendo al sepulcro vacío (Jn. 20:1-5); evitaría las piernas de Caín, aquél cuyos pies corrían al mal (Pr. 1:15-16). Pero escogería, de entre todas, las piernas de Elías, que en la crisis supo correr hacia la Presencia de Dios (1ª R. 19). Sí, esas piernas que corren con paciencia la carrera que está por delante, que ponen la meta en Jesús el Autor y Consumador de la fe.

BICHOS RAROS. Si pudiera armar un cristiano con estas diferentes partes sin duda que sería un “bicho raro”, un okapi espiritual, y esos están en peligro de extinción. Tú y yo, tenemos muchas figuras en la Biblia para seguir, vemos ejemplos en los hermanos maduros para obedecer, pero tenemos El modelo para imitar. Uno cuya forma de pensar, cuyo cuerpo, oídos y pies fueron únicos, nuestro Señor. ¡Que podamos decir con Pablo, sed imitadores de mi así como yo de Cristo!.

MEJOR QUE X FACTOR!!!

Ganaron por cantar
"Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salia la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amon, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros" (2ª Cr. 20:21-22)
El domingo pasado, Jonathan Gemmell dio un sermón muy desafiante: “Enfrenta la batalla con la adoración”. Y todo giró alrededor de la experiencia de Josafat contra el ejército unido de Moab, Amón y Seir. Un ejército de más de un millón de soldados, al cual destrozó con sus “notas musicales”. El bosquejo de su mensaje fue el siguiente (para tu mejor aprovechamiento):
LECTURA 2º Crónicas 20:1-25
A) El Problema (vv1-2)
B) La Proclamación (vv3, 4, 13)
C) La Petición (vv. 7-12)
D) La Profecía (vv. 14-17)
E) La Presentación (musical vv. 18-23)
F) El Premio (despojos de los enemigos vv.24-25)
La historia con la que inició su mensaje es muy motivadora. Se trata de lo sucedido a Willie Myric (de 9 años), quien en marzo del 2014 fue liberado por su captor por cantar. Mientras Willie estaba frente a su casa en Georgia (Atlanta) se inclinó a recoger una monedas (dejadas a propósito) y al hacerlo fue secuestrado por un hombre que le dijo (mostrando su arma) que no quería escucharlo hablar. Por lo que Willie decidió no hablar… sino cantar. Y durante tres horas, y sin parar, cantico titulado “toda la alabanza es para Dios” (el coro dice “Él es mi Señor, mi Sanador y mi Libertador, toda mi alabanza es para el Señor…”). Luego de escuchar una y otra vez la misma canción el secuestrador le abrió la puerta y le pidió que por favor saliera del auto. Este niño se salvó por cantar… no hay duda de ello.
Me pregunto ¿cuántas victorias hemos tenido en el 2014 por cantar? Si me permites comparto una de las mías. Estuve luchando este año contra el enemigo de la autocompasión (y depresión), por diferentes crisis que el Señor permitió que vivieramos. Y una de las canciones más oportunas fue 10.000 razones para alabar.
Comparto la letra:
Que todo lo que soy,
alabe al Señor,
con todo mi corazón,
de tu grande amor, cantaré
tu nombre alabaré
Sale el sol,
Es un nuevo amanecer,
Cantaré a ti otra vez,
Sea lo que venga, confiaré en ti,
Alabaré en el anochecer
Tu amor no tiene fin,
y tú eres paciente,
y bondadoso es tu corazón,
por todo lo que has hecho yo sigo cantando,
diez mil razones para alabar
Y en ese día cuando ya no tenga fuerza
y se acerque tu gloria,
Mi alma cantará de tu amor sin final,
diez mil años y para siempre más
Bless the Lord,
Oh my soul,
Oh my soul,
Worship His holy name,
Sing like never before
Oh my soul,
Worship His holy name
¿Te animas a compartir alguna canción ganadora de tus batallas del 2014?

miércoles, 13 de junio de 2018

(16) UN AMOR HASTA LOS HOMBROS

“Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso” Lucas 15:5

¡¡Qué maravillosa posición!! La oveja herida en los hombros del pastor amante. En vez de recibir azotes y recriminaciones, en lugar de ser descartada es colocada sobre los hombros de su pastor. Allí cerca de los oídos del pastor podía suspirar, sobre los hombros de su dueño podía reposar... bien podía decir “El Señor es mi pastor, nada me faltará” Sal. 23:1.

Allí estoy yo, y allí estás tú querido hermano. No bajo el brazo, no arrastrándonos tras el pastor... sino sobre sus hombros. Esta expresión me recuerda el juego que desde los 3 años solía hacer con Melissa, mi hija.

-Melissa, ¿querés a papá? –“Sí, te quiero mucho”. -¿Hasta donde?- le preguntaba cada vez, esperando la respuesta de todos: “hasta el cielo”. Pero Melissa siempre contestaba lo mismo: -“Hasta aquí”- y con sus manitas señalaba sus hombros. Es que para Melissa no había cosa más linda que la lleve “ a cococho” sobre mis hombros. Para ella la medida de su amor a mí, se encuentraba allí... “en los hombros de papá”. Cuando estaba en ese lugar, sentía que era lo más alto que podía existir.

Cuando el pastor se enteró que la oveja se había perdido, dejó las 99 ovejas y salió a buscarla. Este pastor estuvo dispuesto a desafiar todos los peligros para llegar a la descarriada. Cuando la encontró, la sanó, le puso aceite en sus heridas y la cargó sobre sus hombros. ¿Cuál fue la medida del amor que conoció la oveja descarriada? Los hombros de su pastor. Ella podría decir a su pastor “te amo hasta los hombros”. ¿Y cual es la medida de nuestro amor al Señor? ¿Hasta donde le amamos? ¡¡Qué pregunta, ¿no?!! Es la misma que ese amante pastor le hiciera a Pedro, junto al mar de Galilea, luego que le negara tres veces.
-Pedro ¿me amas? –“Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. -Apacienta mis ovejas.

Hoy el Señor se acerca a ti y a mí y con dulzura pregunta: -Heber ¿me amas?. –“Señor, tú sabes todas las cosas. No puedo confiar en mi amor, pero sí en tus hombros. Señor, te amo hasta tus hombros. Te amo, porque tú me amaste primero”. -Apacienta mis ovejas. Sé un pastor como el que dices amar. Ama a los demás hasta tus propios hombros, y no te preocupes si esos hombros son débiles o estrechos, pues recuerda que tú mismo estás sobre los míos.

¿Eres un papá, una mamá, un abuelo, una abuela, un tío? ¿Eres maestro de escuela dominical, líder de jóvenes, o adolescentes? ¿Quién está en tu rebaño? ¿Quién es tu oveja? Imitemos, hoy, el ejemplo del pastor que profesamos amar.

“Señor ayúdame a amar con la misma clase de amor con que me amaste, ayúdame a amar hasta los hombros” AMÉN

lunes, 11 de junio de 2018

(15) ¿UNA VIÑA DE LEGUMBRES?

“Dame tu viña para un huerto de legumbres... y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te de a ti la heredad de mis padres” (1ª R. 21:2-3)
Cuantos canjearon cosas heredadas y llegaron a la ruina espiritual. Esaú canjeó su primogenitura por un plato de lentejas (Gn. 25:34); Roboam canjeó los escudos de oro de su padre por escudos de bronce (1ª R. 14:26-27); Ananías y Safira canjearon la heredad por engaño espiritual (Hch. 5:1-5). Las motivaciones eran tan diversas como satisfacer apetitos inmediatos, mantener la imagen o recibir reconocimiento en medio de la iglesia. Y como resultado se pueden escuchar: el llanto a gritos de Esaú, ruidos de guerras en Judá y pasos de jóvenes sepultureros en la iglesia primitiva. Pero hubo un hombre que estuvo dispuesto a dar su vida por la heredad de sus padres: Nabot.
LA PROPUESTA. La historia nos cuenta que Acab vió la viña de Nabot, que estaba al lado de su casa y se le ocurrió tener un huerto de legumbres. Él pensó que nadie se podría negar al pedido de un rey, y menos con la oferta que le llevaba. La propuesta era “dame tu viña y te daré otra que sea mejor o bien te pagaré lo que pidas”. Pero Nabot dijo: JAMAS, esta es la heredad de mis padres y no se puede tocar- y murió apedreado. Dio su vida por la viña. Tú y yo, mi hermano querido, hemos recibido una herencia impagable. La vida cristiana es un terreno que debe dar fruto, pero el enemigo de nuestras almas quiere que lo canjeemos por un huerto de legumbres. Algo que no dé fruto, algo que solo sea un adorno en sus jardines.
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PLAN CANJE EN CUOTAS. El diablo está canjeando parcelas de la viña de muchos cristianos y ellos ni cuenta se dan. Poco a poco les ofrece “oportunidades” y estas se presentan con un pago “en cómodas cuotas”. Y de pronto te encuentras un día mirando tu huerto. Y ya no asistes a las reuniones de oración, y no tienes ganas de hablar de Cristo a otros, y eres inconstante en el servicio. Y ni siquiera puedes decir el porqué lo canjeaste por unas horas extras, o por el “merecido descanso”. Y de pronto, un día, te encuentras mirando un programa de televisión en tu casa, mientras tus hermanos están orando o están reunidos adorando o predicando.
Cuentan que don Archi Burnett (padre del hno Jaime Burnett) cuando tenía que hacer un viaje en su camión, que le robaba la oportunidad de ir a la iglesia, ponía sus enormes manos sobre la mesa y con gesto de tristeza decía ante su esposa e hijos “AH una libra mas en el bolsillo... y pobreza en el alma”. Recuerda, la viña es para dar uvas... no legumbres.

viernes, 8 de junio de 2018

(14) LA YUNTA NÚMERO DOCE

“... halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas de bueyes delante de sí, y él tenía la última” (1 R. 19:19)
Cuando Elías se acercó encontró doce hombres trabajando, cada uno con su yunta de bueyes. Los primeros once eran siervos pero el que llevaba la yunta número doce era Eliseo, el hombre escogido por Dios.
La yunta número doce es Sumisión. Aunque Eliseo era el amo decidió estar allí, con los demás. El Señor de la mies desea que haya obreros que estén trabajando en su campo, pero aunque es el dueño nos acompaña en la labor. Él nos dice “llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. ¿Estás arando bien? ¿Haces las cosas cómo Él quiere que las hagas? A veces nos sobrecargamos con yuntas ajenas, qué Él no nos ha pedido que llevemos (aún ministerios y compromisos que no podemos sobrellevar). Si el Dueño está en el campo entonces no llevemos yugos o yuntas ajenas, llevemos la Suya.
La yunta número doce es Servicio. Eliseo no se puso en una silla o en un mangrullo para dar indicaciones. Él tomó una yunta, un arado y empezó a hacer surcos. Jesús declaró “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” pero a diferencia de Eliseo el Señor está delante para mostrarnos como hacer la obra. “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15). La diferencia que hay entre el trabajar en la obra del Señor y estar metido en la obra del mundo es que en la mies del Señor hay huellas de pisadas del Señor de la mies. Y lo que el siervo debe hacer es solamente poner sus pies donde primero los puso Él. “Porque para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 P. 2:21).
La yunta número doce es Sacrificio. Ante el llamado supremo Eliseo sacrificó los bueyes con que trabajaba y usó el arado como leña para asarlos. El Hijo de Hombre vino no solo para estar en medio de su mies, no solo para servir, sino también “para dar su vida”. Tú y yo debemos colocar todo en el altar. Si dices que estás sacrificándote por tus hijos, tu trabajo, tu cónyuge y por eso no estás sirviendo al Señor... te has equivocado de altar. “Os ruego pues hermanos, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo agradable a Dios que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1).
Él, como entonces, nos repite “... llevad mi yugo sobre vosotros”. Que la sumisión, servicio y sacrificio sean las marcas de nuestros arados. Amén.

jueves, 7 de junio de 2018