sábado, 6 de junio de 2015

¿No ardía nuestro corazón?

Lucas 24.13-35
13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. 25 Entonces él les dijo: !!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. 28 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. 29 Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. 30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, 34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. 35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.”
Después del atroz asesinato que Jesús recibió en aquella cruz, vino su sepultura y posteriormente la resurrección. Jesús, debió pasar por aquella cruz para vencer a la muerte, el sabía muy bien lo que iba a padecer: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar, nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar…” Juan 10.17-18
Después de que el Señor vuelve a tomar su vida, resucita, se aparece a gran número de personas… entre las cuales están estas dos personas que iban camino a Emaus sus ojos estaban “cerrados espiritualmente” por eso dice “Entonces les fueron abiertos los ojos y le reconocieron”. Posteriormente, cuando ya Jesús desaparece de su vista, se preguntan: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino y cuando nos abría las Escrituras?.
Acá me quiero detener y abrir un gran paréntesis. ¿Cómo fue que sucedió esto? Para que ardan los corazones es necesario sí o sí que se abran las escrituras, la fe en Dios viene por oír su voz, su voz está plasmada en la biblia… “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10.17). Es imprescindible que abras tu biblia para conocer a Dios, su palabra es la que da vida al que está muerto espiritualmente. “NO ARDÍA NUESTRO CORAZÓN” – Jesús al abrir las escrituras estaba empezando a encender una llama que iba a generar que se disiparan las tinieblas que estaban tapando sus ojos espirituales, esa llama se propagó de tal forma que el fuego creció hasta quemar sus corazones y comenzaban a arderles (literalmente hablando) hasta que finalmente, después de partir el pan, sus ojos fueron abiertos.
Hebreos 4.12 dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos y discierne los pensamientos y las intensiones del corazón” No hay nada en la tierra que tenga más poder que la palabra de Dios, la bomba nuclear puede destruir, matar multitudes y devastar grandes ciudades pero la palabra de Dios tiene el poder de resucitar a los que están muertos espiritualmente.
Sin embargo el diablo es el encargado de cegar el entendimiento de las personas para que a estas no les resplandezca la luz del evangelio de Cristo (2 Corintios 4.4). Después que el pecado entró al mundo el mundo quedó bajo la potestad (dominio) del maligno (del diablo 1 Juan 5.19), en otras palabras… el mundo quedó en sus manos. Por lo tanto todo hombre que nace está esclavizado al pecado, y para salir de esa cárcel y encontrar libertad se necesita de un poder mayor para el rescate. Eso se solucionó en la cruz. “Era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos…” (Hechos 17.3) “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.” Hebreos 2.14”. El precio del rescate fue la sangre de Cristo, ese costo altísimo lo tuvo que pagar fue por las consecuencias de nuestras rebeliones, de nuestros pecados.
Siempre caminamos en alguna dirección, muchas veces sin sentido, otras veces en busca de cosas equivocadas, estos dos iban camino a una aldea llamada Emaus, ¿A qué o para qué? no sé, pero de lo que sí estoy seguro, es que Dios los estaba buscando, que Dios los encontró, que les hizo oír su voz “Les abrió las escrituras” y que sus corazones empezaron a sentir ese fuego que solo Dios por su Espíritu puede encender. ¿Arde tu corazón?. Quizá lo que esté faltando para que esto suceda sea que abras las escrituras para que luego te sean abiertos los ojos y puedas ver al Rey de Gloria en todo su esplendor.

D. A. K.

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